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La emoción y la acción son las llaves del aprendizaje… también en remoto

La palabra experiencia se ha colado en nuestro lenguaje desde hace ya unos cuantos años. Ahora ya no hacemos planes con la familia, organizamos eventos en nuestras empresas o definimos el proceso que seguirá un cliente para comprar uno de nuestros productos. Desde hace ya un tiempo a cualquier de estas “actividades” las llamamos “experiencias”. Cuando regalamos algo a un amigo, buscamos encontrar algo que le permita vivir una experiencia que le encante. Ocurre lo mismo cuando organizamos una jornada diferente en nuestra empresa, desde hace un tiempo queremos ir un paso más allá. Queremos que aquel día deje huella en las personas que participen. Y, claro que si, en los procesos de las empresas, cuando se trata de clientes, todas y todos tenemos claro que esto ya no va de diseñar procesos de compra perfectos, sino de diseñar verdaderas experiencias de compra que consigan que nuestr@s clientes acaben siendo fans de nuestra marca.

Si todo esto es así, ¿Por qué no damos ya el salto también en el ámbito de la formación? ¿Por qué no dejamos atrás aquellos cursos de formación tan formales de antaño para pasar a diseñar verdaderas experiencias de aprendizaje?

Si unos de los ingredientes de cualquier experiencia es la “emoción” y la “acción”, en una experiencia de aprendizaje más que los ingredientes deberían ser la manera en como conseguimos que las personas aprendan: ya que, sin emoción ni acción no hay aprendizaje.

Desde hace más de 18 meses, somos muchas las personas que trabajamos en remoto. Una vez pasado el estado de caos y/o parálisis de los primeros días, en la medida de lo posible, poco a poco fuimos recuperando nuestras actividades laborales. Y entre ellas, la formación. Es una realidad que la formación en el entorno virtual ha supuesto un gran reto para las personas y las organizaciones. Sobre todo, la formación “síncrona”, ya que ha tenido que llegar una pandemia, que nos ha impedido formar en presencial, para ponernos a diseñar, de una vez por todas, cómo deberían ser las experiencias formativas en remoto.

¿Cómo debe ser una experiencia formativa en remoto?

El hecho es que cuando una se pone a pensar en cómo debería ser una experiencia formativa en remoto, salen algunas cuestiones esenciales que curiosamente no son exclusivas del entorno remoto. Me explico, la siguiente lista de aspectos ya deberían haber estado presentes en nuestras formaciones presenciales desde hace un tiempo. Y si no lo estaban, quizá es que nos habíamos quedado ancladas, como formadoras, en una zona de confort de donde la pandemia nos ha sacado de un golpe.

¿Debemos cocrear los programas formativos?

Me gustaría detenerme un poco en ese rol activo de las personas que van a participar de la formación. En el mundo de las organizaciones, ese rol activo ya no solo se suscribe a su papel durante la formación. Si no que cada vez más formamos a personas que previamente quieren poder participar también del diseño del programa formativo. Es decir, quieren cocrearlo: dar su punto de vista, exponer sus necesidades, conversar sobre ellas y aportar alrededor de cuáles podrían ser los contenidos prácticos sobre el que se construirá la experiencia.

Personalmente creo que esta tendencia tiene todo el sentido. En el mundo complejo de hoy, cada organización tiene su realidad específica y aunque evidentemente no podemos perder el norte, que son los objetivos de aprendizaje que queremos conseguir, es normal y de hecho GENIAL que un grupo de personas se implique en el cómo vamos a llegar a esos objetivos. Si esto sucede, estaremos empezando a caminar hacia una verdadera experiencia de aprendizaje donde las personas se impliquen, actúen, se emocionen, compartan, y en definitiva, aprendan.

¿Qué exige de nosotr@s el entorno remoto?

El entorno remoto, cómo os decía al principio, nos exige mucho más a todas. Tanto a las personas facilitadoras del aprendizaje como a las personas que quieren aprender.

A los aprendices, el contexto remoto también les exige meter una marcha más. Deben gestionar bien sus tiempos, prepararse antes de la conexión, asegurarse de contar con los recursos tecnológicos que les permitirán participar plenamente de las dinámicas, ser conscientes de que deberán tener una actitud proactiva y, finalmente, aunque no menos importante, poner a punto sus competencias comunicativas que en remoto deberán sobresalir más que nunca.

¿Qué te parece? ¿Creamos junt@s experiencias de aprendizaje?